¿Debemos orar al Padre o al Hijo?

311398_260519803968469_1387351994_nA través de los siglos los seres humanos han levantado su corazón y elevado su deseo más allá de lo imaginable, poniendo sus planes y deseos más profundos en las manos de Dios. Con razón el salmista declara: “Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado…” (Sal 3:6) Y el apóstol nos dice: “Orad sin cesar” (1Ts 5:17).

Una de las razones para entender la absoluta Divinidad de Jesucristo y su consecuente igualdad con el Padre es mediante la observancia de la oración. Muchas personas creen y enseñan que Jesús no recibe oración alguna en la Biblia, y esto debe ser motivo para sólo orar al Padre, destacando así la subordinación de Cristo. Otros, aunque refieren que Cristo es igual, también creen que a Jesús no se le ora en las Escrituras. Pero ciertamente podemos ver cómo Jesús recibe y prospera nuestras oraciones. Sin duda habrá quien no crea en ello, y aun quien discrepe de esta práctica, pero a razón de que las oraciones van dirigidas a Dios, y Jesucristo no es sino el Dios y Señor de los cristianos, ¿qué problema puede haber? Así, lo mejor será revisar en nuestras biblias para concluir esto bajo el peso de la palabra de Dios.
El Ejemplo de Esteban
En el libro de los hechos capítulo 7, verso 59, hallamos la primera oración a Jesucristo hecha por un cristiano. En una escena única vemos a Esteban, mártir cristiano, elevando sus más preciados deseos a la disposición de su Fiel Cumplidor, y ante el desprecio y el martirio padecido, podemos contemplar su grandiosa petición: “Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu.”
Fíjese que Esteban no está pidiendo cualquier cosa. Cuando Jesús, en su condición humana, moría sobre la cruz, oró al Padre diciendo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” (Lc 23:46). Pero este tipo de peticiones no se hacen a cualquiera. Si no se tiene la clara convicción de que el receptor de la oración será quien ejecute la obra, entonces no se hace, y Esteban la hizo directamente a Jesús. Sin duda, esto es terreno santo para los sectarios y herejes quienes deben pasar descalzos sobre este tema.
Haciendo un breve paréntesis debo señalar que el Rey David hizo una oración hermosa y plasmó en uno de nuestros salmos. Si abrimos nuestra Biblia al salmo 31 veremos en el verso 5: “En tu mano encomiendo mi espíritu; tú me has redimido Jehová…”
Nadie le ora a Jesús de esta manera a menos que entienda que Jesús es lo mismo que el Padre. Pero esa no fue la única oración de Esteban. Un verso más adelante la Biblia dice: “Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado.”
¿Se nota? Esteban se dirige a Jesús para pedirle dos cosas que, en el Antiguo Testamento se le pedirían normalmente a Jehová, o que muchos hoy sólo le pedirían al Padre. Para quien crea que esto no es una oración debemos remontarnos a Isaías cuando predijo que Cristo oraría por sus verdugos: “… habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores” (Is 53:12). ¿Dónde se cumple esto? Se cumple en Lucas 23:34 que dice:
“Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”
Si alguien se atreve a decir que lo que decía Esteban no era una oración, entonces lo de Jesús tampoco, y lo que habría profetizado Isaías sobre ello, diciendo que “oraría” es una mentira. ¡A Dios la Gloria por su palabra!
Eso fue exactamente lo que hizo Esteban! Oró por sus verdugos tal como lo hizo su Maestro. Como dijera Agustin siglos más tarde: “La Iglesia de Pablo se debe a la oración de Esteban”.
Los Primeros Cristianos
Más adentrados en la historia de la iglesia cristiana, encontramos a Ananías, un siervo del Señor a quien el mismo Jesucristo se le aparece, y le dice: “Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso…” (Hch 9:10,11). La respuesta de Ananías es fascinante: “Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre.” (v.13,14)
¿Nota Usted lo que dijo Ananías? Léalo de nuevo: “…para prender a todos los que invocan tu nombre.” ¡Los que invocan a Jesucristo! Este texto nos revela que los primeros cristianos invocaban el nombre de Jesucristo!
Buscando una definición para el término invocar, un conocido diccionario bíblico agrega lo siguiente:

“Acción de clamar a Dios reconociendo sus atributos de perfección. La primera vez que aparece este término en la Biblia es en Gn 4.26, y significa que las personas buscaron la protección divina porque conocían el nombre, es decir, el carácter de Dios. En el Nuevo Testamento se invoca a Jesucristo, reconociéndolo como Salvador y Señor (Ro 10.13).”

Hay unos textos que tienen que ver mucho con esto de invocar, y que expresan la igualdad existente entre el Padre y el Hijo (Jesucristo). El profeta Joel establece: “Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo…” (Jl 2:3). Esto es muy cierto, pues Jehová es el Dios Eterno que promete salvarnos de cuanto peligro nos circunde, como lo dice todo el Antiguo Testamento. Pero lo que sorprende no es eso, sino que Pablo, a sabiendas de la igualdad entre el Jehová del Antiguo Testamento y Jesucristo, nos agrega:“porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo…” (Ro 10:13) y esto lo dice en alusión a Jesucristo, de quien viene hablando en su carta. ¿Se habrá equivocado Pablo? ¿Estaría inventando una nueva doctrina? Hay quienes alegan que Pablo no quiso decir eso, pues Jesús claramente enseñó que oráramos “Padre nuestro que estás en los cielos…”. Entonces, de ser así, Pablo debió estar en un error. ¿Habrá posibilidad de eso? ¿sería un error del traductor? Si revisamos un poquito, podemos ver que Pablo sabía lo que decía: “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.” (2Tim 2:19) Ahora, llegando a considerar que Pablo se equivocó, también Pedro lo hizo, pues en la primera predicación de Pedro, él mismo citó el texto de Joel diciendo: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo…” (Hch 2:21), y la alusión la hace a Jesucristo, a quien unos versos más adelante lo identifica como el Señor de esa profecía!
Pero eso no es todo. Tenemos un pasaje que dice algo que rompe esquemas y paradigmas. Pablo tenía una debilidad (que no debemos especular cuál era), y también un aguijón en la carne (que tampoco debemos especular de ello). Pero Pablo acerca de su aguijón nos dice algo:
“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.” (2Cor 12:7-9)
Saquemos lo que nos interesa:
  1. Pablo tenía una necesidad (su aguijón). Si tiene usted una puede seguir el ejemplo de Pablo: ruéguele al Señor que resuelva su necesidad!
  2. Pablo usa la palabra “parakalëo”, que se usa en la Biblia tanto para “rogar” como para “orar”. Tres veces Pablo había rogado al Señor que le quitara de aguijón, a lo que podemos creer que sin ningún problema rogaba a Cristo. Esta misma palabra es la que usa Jesús en Mt 26:53 para decir que podía orar a su Padre y Éste le daría doce legiones de ángeles, ¿se recuerda?
  3. Pero, ¿qué es un ruego? ¿No es una solicitud? ¿No es pedir? Sí, pero es mucho más: una petición íntima, profunda, que demanda una solución. Es una petición angustiosa.
  4. El que diga que no se trata de una oración sino de un simple ruego no sabe lo que dice. Una oración puede ser algo superficial, pero un ruego no!
Una Consulta Válida
Cuando consultamos el diccionario de términis griegos de Edward Vine, nos dice que

“La oración se dirige apropiadamente a Dios el Padre (Mt 6.6; Jn 16.23; Ef 1.17; 3.14), y al Hijo (Hch 7.59; 2 Co 12.8)…”

Lo mismo pasa al consultar el Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, que dice:

“El NT recoge el concepto veterotestamentario de oración en todos sus aspectos y lo orienta hacia la oración de Jesús, de la cual se habla continuamente en él (cf. 2a), y que por su parte toma algunos elementos de la oración y de la mentalidad veterotestamentarias. La oración neotestamentaria se dirige a Dios o a Jesús, a quien se le llama «Señor» (Kyrios).”

¿Se necesita más pruebas? Supongo que no. Pero podemos dar más…
¿Qué dice Juan 14:14?
Quizá usted haya leído y estudiado anteriormente este pasaje, y no creerá que dice más de lo que parece decir. El griego dice “ean ti aitësëte me en töi onomati mou“. Si podemos traducirlo palabra por palabra diría: “Si algo pedís a mí en el nombre de mí, yo (lo) haré”. La versión Reina Valera lo vierte así:

“Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré…”

Un valioso comentario adicional lo tenemos de A. T. Robertson, el erudito más informado acerca del griego de la Biblia: “Si es genuino, como parece probable, aquí se enseña la oración directa a Jesús, tal como la vemos practicada por Esteban en Hech. 7:59 y en Ap. 22:20.”
Entonces, ¿cómo sabemos que eso es así? ¿Por qué nuestra Biblia Reina Valera lo omite? El texto Mayoritario, (la mayoría con fecha de alrededor del siglo IX) están divididos en este asunto puesto que algunos contienen el “me” y otros lo omiten. Pero en años recientes, los eruditos han descubierto manuscritos de las Escrituras griegas cristianas (el Nuevo Testamento) con fechas tan antiguas como del siglo segundo y tercero. Los manuscritos más antiguos que tenemos disponibles hoy en día de este versículo en el Evangelio de Juan, son el Papiro 66, escrito en el año 125 d.C. y el Papiro 75, escrito entre los años 175 y 225 d.C. Ambos fragmentos de papiros contienen el “me” en este pasaje. Los fragmentos más antiguos de Juan que poseemos hoy en día no tan sólo contienen el “me,” sino que dos de las copias más antiguas de la Biblia completa en el griego, el Codex Sinaiticus y el Codex Vaticanus (También llamados manuscritos Westcott y Hort) escritos alrededor del siglo IV, concuerdan con la interpretación “me pedís” de los papiros en Juan 14:14.
Por ello hay versiones de la Biblia que sí traducen este pasaje con “me”. ¿Cuáles? Veamos:
  • La Biblia de las Américas: “Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.”
  • Nueva Traducción Viviente: “Es cierto, pídanme cualquier cosa en mi nombre, ¡y yo la haré!”
  • Traducción en Lenguaje Actual: “Yo haré todo lo que ustedes me pidan.”
  • Nuevo Testamento de Fernando Arcas y Alfonso Fernández: “todo lo que me pidáis os lo concederé, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.”
  • La Biblia de Jerusalen tercera edición: “Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.”
  • La Biblia Nacar – Colunga: “si me pidiereis alguna cosa en mi nombre, Yo la haré.”
  • La Biblia Textual tercera edición: “Si algo me pedís en mi nombre, Yo lo haré.”
  • Nueva Biblia Latinoamericana de hoy: “Si me piden algo en Mi nombre, Yo lo haré.”
Esta verdad es abrumadora. Incluso si tiene el comentario de Raymond Brown, una obra erudita acerca del evangelio de Juan, podrá ver que nuestro pasaje en cuestión lo traduce de esta manera: “Cualquier cosa que me pidáis en mi nombre, yo lo haré”, y que luego agrega en la página 960 de su comentario que la petición va dirigida a Jesús (ver Comentario a Juan XIII a XXI, ediciones Cristiandad).
Este artículo es digno de señalar a las sectas que no creen en la Deidad de Cristo. Y usted, ¿a quién invoca…?

Deja un comentario